Aprendiendo a dejar ir

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Fui iniciada en Atma Kriya Yoga cinco años antes del nacimiento de mi hijo mayor y esos años de práctica intensiva fueron evidentemente diferentes a los años en que los niños entraron en la ecuación. Estos años con bebés y niños pequeños ahora superan en número a los años anteriores, sin embargo, creo que su presencia ha mejorado mi práctica notablemente.

Tuve que abandonar la práctica de meditación que existía antes de los niños, ese tiempo cuando tenía tiempo y también cuando la paz y la tranquilidad diarias estaban garantizadas. Esa garantía con un bebé o un niño pequeño cualquier persona sabe que se ha tomado un largo año sabático. Y pasarán algunos años antes de que regrese.

Se necesita disciplina y determinación para meditar diariamente, pero lo más importante es amarlo y confiar en ello. Debes confiar en que si te esfuerzas, serás recompensado incluso si no lo ves o lo sientes. Si le das a tu práctica todo tu corazón, nunca deja de beneficiarte.

Como el tiempo, al ser madre en casa, es escandalosamente limitado y puede haber semanas interminables donde nunca puedas estar sola; cada aspecto de la vida se ve afectado por ese cambio y por supuesto, eso incluye nuestra práctica de Atma Kriya Yoga. A medida que transitamos por la vida, las cosas cambian. Es inevitable. Es importante para nosotras aprender a adaptarnos, dejarnos llevar y crecer. Esto también incluye nuestra práctica de meditación.

Si descubres que la vida te ha puesto en una situación donde estás extraordinariamente ocupada, en lugar de renunciar a tu sadhana; deja por completo de pensar en "si no puedo practicar todo esto, ¿para qué molestarme?". Cinco minutos de Atma Kriya Yoga al día (y ha habido muchos días en los que fue todo con lo que pude trabajar) siempre es mejor que no practicar nada. A veces, esos cinco minutos pueden superar una sesión de dos horas libre de niños. Se trata sobretodo de la intención y por supuesto, de la Gracia de los Maestros Kriya.

Una de mis experiencias más destacadas haciendo Atma Kriya Yoga fue una sesión espontánea el año pasado en el Just Love Festival. El festival estaba llegando a su fin, se estaban desmantelando algunos puestos, hubo un breve momento en el que la lluvia había cesado y los niños querían jugar en la gran área de arena donde había sillas y mesas al lado del bar de los zumos. Era un área de socialización normalmente relajada, pero también tenía un toque de caos. Mientras los niños jugaban, decidí sentarme en la arena, entre las mesas con personas charlando, y hacer mi Atma Kriya. No era el momento o lugar perfecto, pero me sentía bien. Los niños de vez en cuando me incluían en su juego al poner arena en mis manos, lo que les pareció gracioso. En ese momento esa breve práctica fue sin esfuerzo e increíble; la sentí atemporal. Luego, no mucho después de esa práctica, Swami Vishwananda, el Maestro de Kriya Yoga que me inició en la práctica, pasó y conversó con el personal en el bar de zumos. El área se llenó de gente pero de una forma tranquila, con una emoción pacífica corriendo por el aire.

A pesar de los cambios y desafíos inevitables que me ha traído la vida, mi práctica de Atma Kriya Yoga se ha mantenido integral en mi vida diaria. Estuvo allí durante mis embarazos y me dio un inmenso alivio de las náuseas matutinas. Durante los dos primeros trimestres de mis dos embarazos, tuve náuseas y vómitos todo el día y fue durante ese tiempo cuando hice mi sadhana diaria y dejaba de sentir que náuseas.

Ahora los niños tienen 6 y 4 años. Son muy conscientes de cómo la meditación impacta y es parte integral de nuestra vida. De hecho, hay momentos ocasionales en que cualquiera de los dos se sienta en silencio conmigo mientras medito y el amor no tiene límites. Si ambos están despiertos y presentes durante mi práctica, el ruido y el movimiento son muy parecidos a los de un huracán y un tornado en mi regazo, ¡lo que me hace muy consciente de que todavía tengo que trabajar para encontrar ese amor sin límites en esos momentos! Sin embargo, estos desafíos momentáneos son una de las muchas formas en los que me han ayudado a mejorar mi práctica, desarrollar mi concentración y solidificar mi disciplina mientras me enseñan simultáneamente a dejar ir, confiar y simplemente hacerlo.

 


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