Vivir la Sadhana

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"Huele el mar y siente el cielo. Deja volar tu Alma y tu Espíritu." 

Van Morrison

 

“Ideal y tranquilo para mi meditación y yoga diarios

Amo lo que hago y llevo mi paz conmigo adonde quiera que vaya

No existe mi yo y mi práctica espiritual; no hay separación entre ellos

Yo soy mi práctica y mi práctica es yo

Como el aliento, ella es la fuerza que fluye en mi vida, como el sol y el mar, las estrellas y el cielo, siento que mi Alma y mi Espíritu vuelan".

 

Escribí esto cuando viajaba. La cita anterior refleja perfectamente la esencia del lugar y las vistas del atardecer desde las ventanas panorámicas de mi hotel junto al mar. Fue tan hermoso practicar en tan espléndido lugar de veraneo. Yo estaba verdaderamente en el momento; realmente disfrutando del instante. Pero, obviamente, no siempre estamos en la bella calma de un lugar impresionante. La mayoría de las veces estamos en la ciudad, en el trabajo, viajando, rodeados de ruido, de actividad frenética y gente. Los momentos de quietud y silencio pueden parecer raros e imposibles de encontrar en nuestro mundo demasiado lleno y ocupado.

Y justo ahí, aparece la verdadera belleza de la sadhana. Cuanto más practiquéis, cuanto más profundo entréis, más fluirá en vuestra vida. El lugar más hermoso de todos, la belleza silenciosa, la quietud y la calma de la conexión Divina, siempre está dentro de vosotros. Todo el tiempo, en cada momento y en cada situación.

La meditación, vuestra sadhana en evolución, os lleva a la consciencia. Aunque estéis apenas comenzando o hayáis estado practicando durante poco tiempo, aunque todavía os sintáis mecánicos, simplemente continuad. Practicad, ella está trabajando en vuestro interior, cambiándoos y haciéndoos evolucionar. Puede estar fuera del campo de vuestra consciencia, pero ahí está ocurriendo una dulce entrega. Cuanto más practiquéis, más consciencia llegará a vuestra vida y pronto (con el ritmo divino perfecto) sentiréis ese fluir.

No hay separación entre "mi yo" y "mi práctica". Siento que estoy fluyendo en un estado constante de sadhana. Siempre fluyendo dentro y fuera de ella, a veces siendo consciente de que profundizo en ella. Sólo cuando salimos de la dicha, sabemos que hemos estado en la dicha.

Una vez estaba reproduciendo un vídeo que había grabado en un florido parque, en el corazón de una naturaleza divina y nuevamente, sin darme cuenta me encontré tarareando el mantra. Nos impregna a nivel celular y espiritual. Nos convertimos en uno. Es como el OM eterno, incesantemente, cantado en silencio en el fondo profundo del vasto cosmos.

Los rituales, a diferencia de los hábitos, crean consciencia y profundizan nuestra conexión. Especialmente si somos nuevos en la meditación y la vida espiritual. Establecer tiempos de práctica que se adapten a nuestro estilo de vida, es una buena y probada forma de asentar nuestra práctica. Cuando nos comprometemos y establecemos rutinas de práctica, éstas nos dan el espacio sagrado para conectarnos con la fuente y entrar en la calma en medio de nuestras ocupadas vidas.

Especialmente en occidente, nuestra práctica a menudo llega al final de todo lo demás: nuestro trabajo, cena, quehaceres y un millón de otras cosas, en lugar de ser parte de todo lo que hacemos y somos. Sin embargo, en el camino de las tradiciones antiguas y las culturas orientales, todavía conectadas a esas tradiciones; es vivir la sadhana. Convertirse en ella, ser ella, vivirla, fluir a través de cada momento de la vida como el objetivo final en lugar de ser algo comprimido en unos breves momentos, sólo cuando tenemos tiempo.

Nuestra sadhana es una forma de vida, de vivir en nuestro mundo bello, audaz, desordenado, material, loco, caótico, con presencia y consciencia, en calma y coherencia.

Por supuesto, no sucede de la noche a la mañana. Es un proceso. Así que confiad en el proceso, tomaos vuestro tiempo, dejadlo evolucionar libremente. A medida que vuestra sadhana fluya y crezca, volviéndose más expansiva y profunda, comenzad a sentir su presencia en cada aspecto de vuestra vida y en cada momento del día. Llevaréis vuestra paz con vosotros a dondequiera que vayáis. Sois vuestra sadhana. Yo comencé, como todos lo hacemos, con una práctica de tiempo establecido, pero siempre he sentido la práctica más como un fluir entregado y constante.

Al igual que el aliento, es la fuerza que fluye en mi vida. Que siempre fluya en vuestra vida.

 


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